Pasada la una de la tarde del lunes 10 de agosto, seis horas después del terremoto, el presidente de la república de Colombia, Abelardo de la Espriella, ofreció la primera rueda de prensa para dar a conocer los datos que hasta ese momento sintetizaban la catástrofe. Apenas acabó de ordenar los documentos sobre el atril, levantó el rostro y lanzó saludos con besos y sonrisas de una estrella pop a una audiencia que lo estaba viendo desde algún corredor de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Fue un instante confuso y fuera de tono, como si todavía siguiera en campaña y no se hubiera vestido el atuendo de jefe de Estado. A esa hora ya se había confirmado que el seísmo había dejado seis ciudades destrozadas y la cuenta iba en 111 muertos y 87 heridos. Al percatarse de la frivolidad en la tarima, el vicepresidente de la república José Manuel Restrepo Abondano le hizo un guiño tras el cual De La Espriella cayó en la cuenta del escenario y configuró un inmediato rictus de seriedad.
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