La vuelta de Bob Iger reinicia la sucesión del imperio de Disney

1 week ago 18

Bob Iger, CEO de Disney

La historia de Hollywood está plagada de tensiones de pasillo, luchas de egos y cometas estrellados. Pero pocas historias dominaron el espacio de la especulación como lo hizo la sucesión de Bob Iger como CEO de Disney antes de abandonar el cargo en 2020. Esos rumores prometen reiniciarse ahora que ha vuelto por sorpresa a la casa de Mickey para relevar a Bob Chapek, la persona que le sustituyó como consejero delegado hace menos de dos años.

El despido de Bob Chapek llega después de que haya puesto a la compañía en el centro de al menos tres controversias evitables. Aunque lo que de verdad ha desencadenado la salida de Chapek es el último informe trimestral de Disney.

Los números han evidenciado pérdidas demasiado grandes en la división de streaming, la nave que Disney necesita para conquistar el futuro del entretenimiento.Además, Chapek hizo un mal trabajo defendiendo la estrategia de la compañía para corregir el rumbo, lo que le hizo perder la confianza de varios de sus ejecutivos y de muchos inversores. Las acciones de la compañía se desplomaron al día siguiente.Con esas cifras decepcionantes, la misma junta de directivos que renovó el contrato de Chapek este junio encontró ahora justificación para deshacerse de él.Pero para sorpresa de todo Hollywood, el sustituto no ha sido un ejecutivo ya en la compañía, sino alguien que ya la había dejado atrás.

Con Bob Iger de nuevo en la silla de CEO, Disney afronta una nueva etapa marcada por la incertidumbre. ¿Pero por qué ha sido tan sorprendente este relevo? ¿Cuáles son los tropiezos que han enviado a Bob Chapek al ostracismo? ¿Puede Iger solucionarlos? ¿Y qué otras prioridades debe establecer para marcar una nueva senda de optimismo en la casa de Mickey?

Un legado de estrella

Bob Iger empezó como CEO de Disney en 2005 tras encabezar la cadena ABC que la compañía había adquirido diez años atrás. Iger llegaba con una buena reputación empresarial. De hecho, sus primeras siete primaveras destacaron por las compras que lideró:

La de Pixar en 2006 por 7.100 millones de dólares cimentó el liderazgo de Disney como la creadora más potente y prestigiosa del cine de animación del mundo.La de Marvel en 2009 por 4.000 millones de dólares convirtió a Disney en un auténtico behemoth del cine de superhéroes, un género que dinamitó el paradigma comercial de la industria.Y la de Lucasfilm en 2012 por 4.000 millones de dólares posibilitó que la compañía alcanzara nuevas cotas de éxito con el estreno de la nueva trilogía de Star Wars.

Pero sin duda la decisión más ambiciosa y arriesgada de Bob Iger como CEO de Disney fue la de 2019, cuando compró los activos de entretenimiento de la Fox por más de 70.000 millones de dólares. La casa de Mickey pasó a ser un imperio global de la creación de contenido con munición de sobra para disputar las guerras del streaming. Pero no todo estaba inmediatamente ganado.

Disney+, el buque insignia de streaming de la compañía, solo empezó a llegar a algunos países en noviembre de 2019.Para entonces, Netflix ya acumulaba 160 millones de suscriptores a nivel global, una cifra que había podido alcanzar en parte gracias a contenido de Disney.

Disney debía recuperar el terreno perdido, así que la apuesta en Disney+ y el resto de plataformas de streaming de la compañía fue enorme.

Eso implicó la inversión de cantidades ingentes de recursos en reorganización empresarial, tecnología y publicidad.Y por supuesto también en producción de contenido, incluyendo superproducciones televisivas de Lucasfilm como The Mandalorian y de Marvel como Wandavision.

Una sucesión interminable

Todos esos cambios en Disney se producían en un momento en el que la compañía lidiaba con rumores sobre una salida inminente de Bob Iger como CEO. El consejero delegado llevaba desde mediados de la década pasada dando pistas sobre su renuncia. Incluso llegó a rumorearse que estaba tanteando una candidatura a la presidencia. Pero la resolución tardó años en conocerse.

En 2016, el consejero operacional de Disney Tom Staggs dimitió de forma imprevista pese a que había sido visto durante mucho tiempo como el probable sucesor de Bob Iger.Casi inmediatamente, los rumores en Hollywood apuntaron a que Disney estaba buscando un relevo fuera de la compañía. Pero Bob Iger renovó contratos de uno o dos años en hasta cuatro ocasiones.En 2019, Iger sentenció que dejaría expirar su último contrato en 2020 y que ya estaba trabajando en un plan de sucesión. Dos candidatos destacaban como favoritos: Kevin Mayer y Bob Chapek.

Mayer era la persona que había liderado los esfuerzos por sacar adelante Disney+, mientras que Chapek llevaba años liderando la división de parques temáticos. Con la elección de Chapek, Mayer dimitió de su puesto para irse a trabajar en TikTok. El relevo oficial llegó en febrero de 2020, justo cuando el parque Shanghai Disneyland cerraba sus puertas provisionalmente por un brote de coronavirus.

En las semanas posteriores, la pandemia encalló los cruceros y cerró los parques temáticos de la compañía, paralizando gran parte de sus ingresos.Las clausuras de cines sumaron al pesimismo inmediato de Disney y a la necesidad de acelerar la transición al streaming.

Bob Iger cedió sus responsabilidades ejecutivas como CEO de Disney en pro de tener un mayor papel en las decisiones creativas. Pero conforme la pandemia se agravó, Iger mostró su oposición e incluso propuso alternativas a las decisiones de Chapek, atentando contra la autoridad de su sustituto. Chapek se sintió atacado desde el principio y nunca se recuperó, según fuentes de The Wall Street Journal.

El reinado de Chapek, manchado por la polémica

Los siguientes dos años de Chapek a la cabeza se vieron empañados por tres controversias diferentes. Todas acapararon titulares en los medios y dinamitaron la popularidad de Chapek dentro y fuera de la compañía. La primera fue una disputa legal contractual con Scarlett Johansson.

La actriz demandó a Disney por haber estrenado su película Black Widow de forma simultánea en cines y en Disney+.Eso afectaba de lleno a los ingresos que Johansson acabaría percibiendo al final del paso de la película por la taquilla.

La segunda fue un conflicto político por una ley aprobada por los republicanos que gobiernan en Florida, donde Disney emplea a miles de personas.

Trabajadores y creativos cercanos a Disney criticaron la reacción tardía de Chapek porque consideraban que la ley era anti-LGBTQ.Una vez Chapek criticó la ley, Disney fue víctima de las represalias conservadoras encabezadas por el gobernador de Florida, Ron DeSantis.

Y la tercera fue el despido fulminante de Peter Rice.

Rice era un ejecutivo con décadas de prestigio que había llegado a Disney tras la adquisición de los activos de entretenimiento de la Fox.Chapek y otros ejecutivos de la casa veían a Rice como un posible sucesor que no se había adaptado bien a la cultura de Disney, según The Hollywood Reporter.

Con esa retahíla de errores no forzados, Chapek fue perdiendo la confianza de directivos, inversores y principales jugadores de Hollywood. El propio Bob Iger se ha mostrado decepcionado en el último año con su decisión de nombrarlo CEO de Disney por los fracasos que ha acumulado en tan poco tiempo. Pero para Iger, la mayor afrenta está en haber priorizado el negocio por encima del rumbo creativo de la compañía.

Bob Iger repite como CEO de Disney

«Está matando el alma de la compañía», le dijo Bob Iger a un amigo cercano, según fuentes de The Wall Street Journal. El nuevo consejero delegado de Disney habría dicho creer que Chapek estaba demasiado obsesionado con el precio de las acciones de la compañía.

Ningún movimiento de Chapek definía mejor esa perseverancia que la elección de uno de sus protegidos como presidente de una división desde la que se organizaban todas las ramas de contenido y distribución de la compañía.Ese protegido, Kareem Daniel, pasó a ser un ejecutivo con una autoridad inmensa que quitó poder a los ejecutivos de los brazos creativos de Disney.

El cambio de foco hirió la moral entre los empleados de las divisiones creativas de la compañía, que pasaban a estar más sujetas a decisiones empresariales, y deterioraron la confianza de varias figuras importantes de la compañía en Chapek. Esa aprensión quedó confirmada con la publicación del último informe trimestral y las dificultades de Chapek para defenderlo. Ahí se puso en marcha el nuevo relevo.

La junta de directivos ya había debatido sustituir a Chapek el pasado junio, cuando se reunieron para decidir si ampliar o no su contrato.Pero la presidenta de la junta, Susan Arnold, decidió depositar su confianza en Chapek y renovar su contrato hasta 2025 para no mermar su reputación y autoridad.Con las decepciones de los últimos meses, Arnold decidió tantear la vuelta de Bob Iger como CEO de Disney a través de intermediarios y consiguió un sí que pocos consideraban probable hace días.

Ahora, Bob Iger vuelve a una compañía cuyo organigrama se reestructuró casi por completo durante su ausencia. Según apuntan los primeros indicios, el foco de Iger estará en devolver el poder a los creativos y recuperar la magia que supuestamente se había perdido. Muchos de los personajes y las historias que cimentaron el legado de Iger dependen de ello.

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