Los estudiantes-atletas, el polémico híbrido del deporte en Estados Unidos

1 week ago 13

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Lo llaman “la tormenta perfecta”. Decenas de estudiantes-atletas que representan a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos aterrizaron en Tokio esta semana con un sueño casi inédito: hacerse ricos.

A diferencia de otras ediciones, estudiantes-atletas y futuros estudiantes-atletas estadounidenses podrán este año firmar contratos de patrocinio y lucrarse con ello.Antes no estaba permitido.

Jordan Chiles, una gimnasta de 20 años que representará a EE.UU. en los Juegos este verano, montó su propia línea de ropa, pero son sus hermanas las que han tenido que posar con chándales y sudaderas para evitar romper las normas.

Hasta hace unos meses, la Asociación Nacional Deportiva Universitaria de Estados Unidos (NCAA) prohibía a los estudiantes universitarios cobrar por competir o por usar su nombres, imagen y/o apariencia en patrocinios de marcas.

¿La razón? Según la NCAA, cobrar dinero por competir o por usar su imagen convertiría a los atletas en profesionales, echando a perder la filosofía amateur del deporte universitario.A partir del pasado 1 de julio, esa normativa cambió, desencadenando un terremoto que se celebró por universidades e institutos de todo EE.UU.

Ojo: Los estudiantes-atletas de Estados Unidos siguen sin poder cobrar de forma directa de sus universidades porque remunerarlos entra estrictamente en la definición de profesionalidad, según la NCAA. Es el uso de la imagen lo que ha dejado de interpretarse como tal.

Más libros que cheques. Desde la NCAA creen que pagar a los estudiantes-atleta pone la prioridad en los contratos en vez de en los estudios, desdibujando así la imagen de la competición universitaria.

Lo que cuentan menos: que la NCAA firma acuerdos televisivos y de patrocinio que suman varios miles de millones de dólares o que los entrenadores y administradores tienen, en numerosos casos, contratos millonarios.Zero. Los estudiantes-atletas cobran cero dólares lejos de las becas que tienen para estudiar en las universidades con las que compiten.

Los Juegos Olímpicos eran la excepción. La NCAA sí permite que los estudiantes-atletas de Estados Unidos se lleven las bonificaciones asignadas a los medallistas y que en algunos casos ascienden a los 25.000 dólares.

Cambio de paradigma. Que los estudiantes-atletas puedan empezar a vender su nombre, imagen y apariencia, concepto conocido en sus siglas en inglés NIL, supone un gran aliciente para miles de jóvenes que en el pasado contaban con opciones limitadas.

Hasta este julio, muchos estudiantes tenían que plantearse elegir entre el lucrativo mundo del deporte profesional y una beca para estudiar en una universidad de prestigio. Pero es que el acceso a esas universidades presenta dos dificultades:

Son muy caras: algunas pueden significar más de 70.000 dólares al año sin contar alojamiento y manutención.
Son muy exigentes: la mayoría piden notas de corte altísimas, además de actividades extraescolares o voluntariados que sumen al currículum.

Deportes como la natación o la gimnasia, donde algunos estudiantes-atletas empiezan a competir al máximo nivel cuando todavía van al instituto, los obligaba a decidir entre:

Ganar un buen cheque con acuerdos de patrocinio y renunciar a una beca universitaria antes de retirarse a mediados de la veintena.
Entrar en una universidad de prestigio para estudiar una carrera y compaginarlo con la competición en el circuito universitario.

La gimnasta Aly Raisman, triple medallista de oro en Londres y Río, tuvo que renunciar a una beca en la Universidad de Florida en 2011 para hacerse profesional y poder empezar una colaboración de patrocinio con marcas como Ralph Lauren.

“Simplemente quería intentarlo y no tener remordimientos porque pensaba que, si no me hacía profesional, siempre me preguntaría qué habría pasado. Pero no mucha gente tiene la oportunidad de ser gimnasta profesional y ser capaz de tener marcas que los patrocinen. Me encanta la moda, así que es genial poder ser patrocinada por Ralph Lauren”.

Dejar de lado la universidad permitió a Raisman aprovechar al máximo sus mejores años como gimnasta y las oportunidades de patrocinio que llegaron con motivo de su buena participación en los Juegos de 2012 y 2016.

De haber competido en el circuito universitario, Raisman habría tenido que prescindir de patrocinios hasta terminar la carrera. Para entonces, otras gimnastas dominarían los focos.

En los Juegos de Río, solo Madison Kocian había aceptado competir en el circuito universitario con los Bruins de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) después de las Olimpiadas. El resto eran ya todas profesionales.

La tormenta perfecta lo ha cambiado todo. En los prolegómenos de Tokio 2020, la NCAA ha abierto un mundo de posibilidades para que atletas de todas las competiciones acepten becas universitarias y también acuerdos de patrocinio con los que vender su imagen, nombre y apariencia.

En esta edición de los Juegos, cuatro de las seis gimnastas del equipo estadounidense tienen previsto ir a la universidad la próxima temporada. Otra, MyKayla Skinner, lleva tres años compitiendo con la Universidad de Utah.La que falta es Simone Biles, que renunció a competir al nivel universitario y también a estudiar en UCLA, eligiendo en cambio estudiar la carrera de empresariales online.

Por suerte, prescindir de una carrera en la élite, o de la gloria en las Olimpiadas, no ha sido siempre sinónimo de fracaso o decepción. Si no, que se lo digan a las estrellas del equipo de gimnasia de UCLA que año tras año rompen internet.

Katelyn Ohashi antes y Nia Dennis ahora aparcaron sus sueños olímpicos por culpa de lesiones y agotamiento, pero encontraron el estrellato gracias a la viralidad de internet y a la libertad de la competición universitaria:

This is what #blackexcellence looks like. @DennisNia does it again! 🔥

📹 @Pac12Network pic.twitter.com/2vxgyTvUCG

— UCLA Gymnastics (@uclagymnastics) January 24, 2021
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