Tras ochenta años de paz relativa, creciente prosperidad, una disminución progresiva de la desigualdad, amén de la conquista de derechos de todo tipo antaño considerados quiméricos, al menos en Occidente, la segunda presidencia de Trump nos ha devuelto un pasado que creíamos superado, al tiempo que fabrica un futuro que produce escalofríos cuando no terror.
Seguir leyendo...