“Se nos juntaron varias fuerzas demográficas malucas”

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Hay muchas formas de ver lo que ha pasado en las últimas semanas en Colombia. Una de ellas es bajo el lente demográfico.  Colombia está en pleno 'bono demográfico': el momento en que tiene a la mayor parte de su población en una etapa productiva.  Eso suele representar una gran oportunidad para un país...si hay empleo. 

En nuestro nuevo episodio del podcast “El Futuro del Futuro”, patrocinado por Sura, hablamos con Piedad Urdinola sobre cómo ha sido y cómo será el cambio demográfico en Colombia en los próximos diez años. Ella es profesora del departamento de Estadística de la Universidad Nacional y directora del Observatorio Demográfico y Epidemiológico del Área Andina (Odean).

Urdinola es doctora en Demografía de la Universidad de California-Berkeley y ha pasado por Harvard y Stanford como profesora visitante. En su línea investigativa cubre temas de demografía histórica, mortalidad en América Latina, efectos del envejecimiento y fecundidad adolescente. Acaba de publicar un capítulo en el libro 'Descifrar el Futuro' que publicó Fedesarrollo sobre la economía colombiana en los próximos diez años.

Esta es la entrevista editada para mayor claridad. Si lo prefieren oír, aquí pueden escuchar la conversación. Los invitamos a suscribirse al podcast.

La Silla Vacía: Algunos consideran que estamos viendo la revolución de los “Ninis”: de los que ni trabajan, ni estudian. ¿El cambio demográfico que ha vivido Colombia tiene que ver con lo que está pasando? 

Piedad Urdinola: Pues es que se nos juntaron varias fuerzas demográficas malucas. El bono demográfico, si no hubiese habido pandemia, la historia sería otra. Pero como no fue así, hay mucha gente que perdió sus empleos a causa de la pandemia, y de ahí sus ingresos, su estabilidad y etcétera, etcétera.

La evidencia indica que tener una mayor población jóven, en términos relativos —y joven quiere decir gente en sus veintes, de 15 a 25, de 20 a 27 más o menos— si está ligado a que haya mayor efervescencia social. Hay mayor probabilidad de que haya estos problemas de conflicto, sí y sólo sí hay inequidad.

Porque una vez más, pensemos en la pirámide poblacional: pensemos que si el poder político y/o económico está concentrado en los hombres mayores, eso es la punta de la pirámide, dejando a toda la base sin acceso a esos recursos.

Entonces, esa relación entre hombres jóvenes y hombres mayores con inequidad, es explosiva. Eso está ampliamente documentado en la literatura.

Los hombres jóvenes también tienden a vincularse mucho más a temas de criminalidad.

Entonces cuando comienzan a gestarse estos cambios de transición demográfica, y hay una mayor proporción de hombres jóvenes, aumentan las tasas de criminalidad. Esa es una de las cosas buenas que trae el envejecimiento, menores tasas de criminalidad.

De manera que se empiezan a combinar varias cosas, pero claramente no es el único factor.

La Silla Vacía: ¿Qué tan diferente va a ser la composición demográfica de Colombia en diez años?

Piedad Urdinola: Los cambios demográficos no suceden de la noche a la mañana. Es importante que la gente lo entienda, porque a lo que vamos a llegar en diez años es la culminación de un proceso que lleva décadas en el país, y que de hecho arranca a mediados del siglo pasado, cuando se da una gran caída en la mortalidad en los años 50's, donde el componente más importante fue la caída en la mortalidad infantil.

Eso lleva a que caigan las tasas de fecundidad, y ese proceso se conoce como la famosa transición demográfica. La caída en las tasas de fecundidad son un rezago, veinte años más tarde, entre los setentas, comienza esa caída.

En ese entonces las mujeres colombianas tenían en promedio siete hijos. Y llegamos a los niveles ya bajísimos que estamos viviendo. De hecho, para 2015, ya las mujeres colombianas tenían en promedio 2.2 hijos.

Entonces, fíjate de ese cambio tan enorme que toma todo este tiempo, que hace que pasemos de esas altas tasas de mortalidad y fecundidad, a bajas tasas de fecundidad y mortalidad, quizá, a dónde vamos a llegar en diez años.

La mortalidad está bastante controlada ya. La fecundidad desde el 2015 está muy baja, está en lo que conocemos como la tasa de fecundidad de reemplazo, y eso desencadena el famosísimo proceso de envejecimiento.

En este momento, Colombia todavía es un país joven, está en pleno boom demográfico, pero en diez años será mucho más latente, y más visible, ese proceso de envejecimiento.

L.S.V.: Usted dice que en diez años vamos a ser 53 millones de colombianos, apenas tres millones más de lo que somos hoy. ¿En promedio una mujer colombiana en diez años cuántos hijos va a tener?

P.U.: Esa es una pregunta difícil de responder. Para los que hacemos proyecciones, una proyección exacta a diez años es virtualmente imposible.

Tenemos una idea, y esas cifras son generales. Cuando medimos cosas tan grandes, números tan grandes, con millones de población para un país como Colombia, que tiene 50 millones de habitantes, pues más o menos podemos creerle a esa proyección de que habrá tres millones de colombianos más en diez años. Pero en realidad puede pasar de todo, como bien lo demostró la pandemia.

También, podemos empezar a recibir un montón más de inmigrantes, por ejemplo, que fue otro los grandes cambios demográficos de la década pasada con los que nadie contaba y que nadie previó.

Ahora, sobre la pregunta en particular de la fecundidad, ese es de los componentes más difíciles de pronosticar.

¿Por qué? Porque la fecundidad es muy sensible a cualquier cambio. Y cuando ya está en niveles bajos, los decimales se vuelven importantes en las proyecciones.

Para la mayoría de la gente que yo le diga que vamos a estar entre 2.1, 2.0 o 1.9 de fecundidad, pues da lo mismo porque uno tiene los números en la cabeza, y a la final los hijos se obtienen en números enteros. Pero en realidad esa inferencia de números decimales, hace un mundo de diferencia en las proyecciones, sobre todo en un escenario de diez años.

L.S.V.: Por la pandemia las mujeres tuvieron menos hijos este año. ¿Eso puede tener un impacto significativo a diez años? 

P.U.: Si es solamente un choque por la pandemia, es como ver un electrocardiograma, con una subida y una bajada de un solo momento, porque la pandemia en un año y medio está desapareciendo. Sería un choque de un solo momento. Pero, si es algo que se vuelve persistente, puede tener efectos importantes, sobre todo cuando los acumulas por el resto de la década.

Tendremos que esperar a ver si el país logra superar o no la crisis social en la que estamos justo por estos días, porque también tiene efectos sobre la fecundidad.

Si la logramos superar, unos serán los resultados. Si nos quedamos en ella, otros van a ser los resultados. Por eso es muy difícil. 

L.S.V.: Usted pronostica que de mantenerse las tendencias, va a crecer sustancialmente la población en edad de trabajar, la gente entre los 20 y los 60 años aumentará en los próximos diez años. ¿Qué significa eso para Colombia?

P.U.: Pensemos en la famosa pirámide poblacional. La gente se imagina la pirámide en forma de triángulo.

Pero cuando empezó a gestarse la transición, empezaron a perder esa forma y ese es el punto en el que está Colombia ahora. En vez de tener esa forma de triángulo se está volviendo un rombo, más gordita en la cintura, por decirlo de alguna manera.

Eso hace que en términos proporcionales tengamos mucha más gente jóven, entre los 20 y 60 años. Ese es el famosísimo bono demográfico.

¿Qué quiere decir eso? Que tenemos muchas más personas en edades productivas, que pueden estar enrolados en el mercado laboral. Pueden tener más ingresos, y asimismo tener más ahorros y un mayor consumo.

Como los economistas lo han predicado por siglos, al aumentar el consumo y el ahorro, vamos a llegar a estados superiores de crecimiento económico. Entonces ese famoso bono demográfico es justo lo que estamos viendo en este momento, y es lo que vamos a vivir en esta década.

Pero la ganancia económica no es automática. No porque tenga más gente en esas edades, automáticamente voy a recibir el beneficio. Necesitamos que haya más consumo. Necesitamos que haya más ahorro. Es decir, necesito que esta gente esté ganando ingresos en un mercado formal.

Si eso no se satisface, habremos desperdiciado el bono, porque sucede una sola vez en la historia. Es también un resultado de la transición demográfica.

L.S.V.: En esta pandemia los que más han muerto son los mayores. ¿Eso cambia en algo el futuro demográfico de Colombia? 

P.U.: Es realmente trágico en términos individuales, y en términos demográficos. Estas son cifras excepcionales, desde cualquier punto de vista que se analice. Como el grueso de los afectados han sido los adultos mayores de 65 años, y en particular los mayores de 80, trae un pequeño rejuvenecimiento.

Lo que venía en el proceso de envejecimiento es que iban mejorando las condiciones de mortalidad, sobre todo en las edades más adultas. La pandemia entonces es un golpe a esa mejora en esas edades.

Pero como todavía tenemos una punta muy delgada en la pirámide —tenemos una proporción muy pequeña de adultos por encima de esas edades, 80 o más años— entonces no alcanza a ser algo tan dramático como puede ser para otros países, que sí están empezando a perder mucho más de esa ganancia..

L.S.V.: ¿Qué consecuencias trae la sobremortalidad de hombres jóvenes que tenenos?

P.U.: En Colombia, sin duda alguna, ese exceso de mortalidad en los adultos jóvenes es realmente preocupante. Es normal, demográficamente hablando, que se mueran más los hombres que las mujeres a todas las edades, incluso en esas edades de los jóvenes, de los 20 a los 30 años.

Pero en Colombia, debido al conflicto armado y por todas las oleadas de violencia que hemos vivido, han implicado un exceso bastante pronunciado, que hace que esa brecha entre géneros sea enorme en Colombia. Es de las brechas más grandes que hay en el mundo

Son muchas las consecuencias.

Primero, perder las vidas, con todo lo que eso implica.

En términos demográficos, diferencias en las esperanzas de vida por género, que empiezan a notarse ya en un montón de años. Ganar un año en la esperanza de vida al nacer, exige un montón de inversiones en muchas cosas: inversión en infraestructura pública, en hospitales, en que haya una campaña ideal para que las mamás cuiden a los bebés, en acceso a aguas, alimentos.

Imagínate todas esas inversiones que hay que hacer para ganar un añito en la esperanza de vida, y la diferencia en la esperanza de vida entre hombres y mujeres puede llegar a ser de cinco a diez años, demasiada.

Mientras el resto de países del mundo habla ya de convergencia entre géneros, es decir, que se va cerrando esa brecha a tal punto que casi es la misma esperanza de vida entre hombres y mujeres, en Colombia sigue siendo una brecha enorme.

Entonces tienes esa pérdida de capital humano que es palpable y latente, y a grandes números.

Y ahora vienen muchos otros efectos secundarios. Estamos perdiendo todos estos hombres jóvenes —desde los 15 a los 40 años— que si los hubiéramos mantenido vivos, ellos podrían hacer parte de la fuerza laboral productiva del país, y estar haciendo todos los aportes que tienen que hacer.

Hice un ejercicio con un exalumna hace unos años, en el que pensábamos que si la tasa de homicidios se redujera sólo un tercio hace diez años y si todos esos hombres jóvenes se enrolaban en el mercado laboral formal, haciendo sus cotizaciones, no tendríamos deuda pensional.

Es perder capital humano por todos lados. O sea, desperdiciar una vida, más allá de las condiciones éticas y morales, es desperdiciar muchísimo para un país. Esa es la gran tristeza que vivimos en Colombia.

L.S.V.: ¿Qué tan diferente va a ser la cara del colombiano en diez años? ¿Colombia va a ser mucho más negra, más indígena, más femenina?

P.U.: Esa es una excelente pregunta, y para la cual no hay respuesta por una razón, y es que no hay una buena medición de Colombia. Eso también suena muy extraño, pero es así de sencillo.

Vuelve y juega, no es exclusivo de Colombia. Es un mal mayor de toda América Latina. Países como Chile, que es el que tiene las mejores calidades de las cifras demográficas de toda América Latina, no mide raza en sus censos.

Es algo que nos ha costado muchísimo avanzar. Quizás el mismo proceso de mestizaje en el que todas estamos inmersos nos haya empujado a no habernos preocupado, y pues hasta el siglo XXI reaccionamos, comprendiendo que sí hay diferencias, que sí hay etnias, razas distintas y que hay minorías.

Ahora bien, es cierto que si somos el único subcontinente, o región, que realmente es mestiza.

Pero también tenemos minorías, que son muy importantes de registrar, pero que no sabemos todavía medirlas de forma precisa.

Las etnias indígenas son una minoría, no llegan al millón y medio en el país, y esa cifra se ha mantenido casi estable desde 1993, que fue la primera vez que se intentó medir en un censo de población. Entonces, probablemente estas minorías indígenas siguen siendo cada vez más pequeñas, porque la población va creciendo, ese número se mantiene estable o incluso podría crecer, pero seguirán siendo una minoría en el país.

L.S.V.: En términos de lo urbano y lo rural, ¿cambiará algo?

P.U.: Sí estamos migrando mucho, pero entre ciudades. De lo rural a lo urbano no, pues hay muy poca gente en las zonas rurales. Colombia dejó de ser un país de campesinos hace décadas.

En este momento solo el 20 por ciento de la población colombiana vive en las zonas rurales. Tenemos una amplia extensión territorial en zonas rurales, pero la gente viviendo en esas amplias extensiones rurales ya es muy poquita.

De tal manera que algo masivo, implicaría que se viniera la mitad de la población rural, o sea, bajar al 10 por ciento, y eso es lo más masivo que puede llegar a ser esa gran migración. 

L.S.V.: Usted dice que seguramente va a caer la demanda por educación universitaria, que hoy es muy alta, y que además hay un gran déficit de financiación de la universidad pública, y un cambio de estudiantes de universidad privada a pública. ¿Qué demandas puede anticipar?

P.U.: Como la pirámide se está volviendo un diamante, las demandas hacia las primeras edades van a caer.

Va haber menos consumo de todos los bienes que consumen los niños más pequeños. Los niveles de fecundidad son tan bajos que seguramente la demanda de todos los bienes y servicios de los recién nacidos comenzarán a caer.

En los otros países que ya pasaron este proceso de envejecimiento, y es algo que le impresiona muchísimo a las gente, se empiezan a cerrar colegios. Eso pasó en todos los países que envejecieron: Japón, Alemania y los países nórdicos, literalmente ya no había niños que llenaran las escuelas en su país. Dudo que lleguemos a ese punto, porque nos falta todavía ofrecer más en términos educativos, y quizás lo que va a suceder es que se mantengan, más o menos, los niveles que estamos viendo de gasto dirigido a la educación de los más jóvenes.

L.S.V.: ¿Para qué demandas cree que el país se debería comenzar a preparar para lo que viene en términos demográficos?

P.U.: Todas las de envejecimiento. La mayor parte del grueso de esas demandas van a ir por salud.

Entonces son todos los cuidados del envejecimiento, todo lo que se ha llamado la economía del cuidado, que es el cuidado de los niños menores y también de los adultos mayores. De hecho, eso es más que un reto, es una oportunidad para el país, porque es la oportunidad de formalizar el trabajo que hacen sobre todo muchas mujeres, que es cuidar a otras personas.

Y eso se puede profesionalizar; si lo volvemos una labor formal, ayudará a que aumentemos los aportes al sistema de seguridad social, salud y pensión. Esa es un área muy importante, más todas las demandas del sector salud para esas enfermedades que más aquejan a los adultos mayores, que son las enfermedades no transmisibles.

Vamos a empezar a requerir muchos instrumentos, equipos, laboratorios, medicinas, dirigidas a ese sistema de enfermedades. Vamos a empezar a ver también un montón de discapacidad física, entonces se requiere, por ejemplo, transportes especiales, que los buses sean amigables para discapacitados, que los andenes funcionen bien; porque si en Bogotá, por ejemplo, uno no puede caminar con un cochecito de bebé, mucho menos con una muleta o con una silla de ruedas. Todo ese tipo de cosas se van a demandar más y se van a tener que suplir.

L.S.V.: Hablando de oportunidades, usted ve en la migración de venezolanos una oportunidad que Colombia podría aprovechar. ¿De qué manera?

P.U.: Es muy parecido al bono demográfico. Para llegar al bono demográfico se deben hacer inversiones sociales, en educación, en salud, etcétera, para que esos niños que antes se morían, lleguen a los 20 años. Si están sanos y con educación, maravillosa esa inversión de 20 años.

Con la migración venezolana es como si llegaran bebés de 20 años, pero como llegan de 30, ya traen salud y educación bajo el brazo. Entonces me ahorro esa inversión, pero si los puedo tener en el mercado laboral formal, son muy útiles.

Si ellos comienzan también a hacer sus aportes al sistema de seguridad social, son aportes que yo me estoy ganando, y eso rejuvenece la población y ayuda también con todos los problemas fiscales.

L.S.V.: Usted llama la atención sobre la importancia de mejorar la calidad de nuestros datos. ¿Eso qué implica? 

P.U.: La labor del Dane la aprecio bastante, pues ha hecho un esfuerzo enorme en los últimos 20 años por mejorar la calidad de las cifras. Los registros vitales que teníamos hasta hace 20 años eran de muy baja calidad, y han hecho un esfuerzo enorme en el Dane por mejorarlas.

Pero hay que hacer más. ¿Por qué? Porque  fantástico que Bogotá y Medellín estén bien medidos, pero como lo está mostrando esta semana, hay que medir a toda Colombia, hay que saber qué es Colombia.

Es absolutamente absurdo que sepamos cuántas cabezas de ganado hay en el país, pero no cuántos colombianos con exactitud. Eso en realidad es ridículo.

¿Cómo es posible que no sepamos con exactitud que cada que sale un censo se arma todo un debate de si eran 48, 49, 50, 51 millones de habitantes? 

Yo creo que ya es una necesidad, ya no sólo mirar las cifras nacionales, sino las regionales. Tienen que ser de buena calidad, y empezamos a pelar la cebolla. No sólo mirar las cifras nacionales, también regionales, pero es que no es suficiente con que sean regionales.

Lo necesitamos por edad y por sexo. Y no sólo eso, también por etnia. Eso es lo mínimo que tiene que estar bien medido. Es lo mínimo. Ya el nivel de desarrollo del país nos da para eso.

No estamos en la Colombia de hace 50 años, cuando si había una o dos personas con doctorado en esas áreas era la gran maravilla. Ahora tenemos una cantidad de gente muy bien formada en todas esas áreas. Falta voluntad política para que se les asigne los recursos a estas entidades, para poder medir bien todas estas cosas que son tan básicas.

L.S.V.: Finalmente, mirando lo que está pasando hoy, con estas movilizaciones, y con esa cantidad de jóvenes en la calle con altos niveles de frustración, como demográfica, ¿qué sugiere como solución? 

P.U.: Sin duda alguna quienes tendrán que decirlo son ellos, y espero que ese proceso llegue a buen término. Pero desde mi punto de vista analítico, lo que están demandando no es nada más a que se les dé la oportunidad de poder formarse con calidad para poder tener un futuro. La perspectiva que los jóvenes ven de futuro es muy negra.

Y lo digo, por ejemplo, desde el estudio que hice para el aumento en la fecundidad adolescente en Colombia. Desde el 86 hasta el 2010 vimos un incremento sostenido en la fecundidad adolescente colombiana, mientras el resto la fecundidad iba bajando y bajando y bajando. Y una de las causas comunes para estas niñas —porque son niñas todavía teniendo bebés— es que no veían futuro.

Las mujeres que alcanzamos altos niveles de educación, al contrario, posponemos y posponemos y posponemos la fecundidad, porque uno dice “un momentico más, acabemos la maestría, otro momentico, acabemos el doctorado, otro momentico, esperese arrancó mi carrera”.

En cambio estas niñas, ¿qué más da tener bebés a los 15 y a los 35, si mi vida va a ser la misma?

No voy a ganar nada posponiendo, porque voy a seguir viviendo en la misma miseria en la que vivo ahorita. Dicen 'por lo menos se vuelve algo chévere, mis papás adoran al bebé. Como soy la que les dio el nieto, entonces me consienten más. En el colegio, mis compañeras dirán “pero qué dura, está estudiando y al tiempo criando”".

Y en realidad creo que es esa falta de oportunidades, o ese futuro con muy bajas opciones, lo que hace que toda esta masa de jóvenes, esté peleando en las calles.

Silla Nacional
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