¿Vida en Venus? Lo que la fosfina nos dice realmente de este planeta

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Venus huele a ajo. De eso casi no hay duda. Otra cosa es que haya alguien allí para cocinar sofritos. Con una temperatura que alcanza los 465 ºC en superficie, en realidad allí se fríe hasta el plomo. Pero ese característico aroma proviene de la fosfina (PH3). Un compuesto químico característico de la vida. Y han encontrado bastante en Venus.

Un equipo liderado por la Universidad de Cardiff (Reino Unido) ha publicado indicios de «la presencia de PH3 que no se explica después de un estudio exhaustivo de la química y las vías fotoquímicas, sin rutas de producción abiótica actualmente conocidas en la atmósfera, las nubes, la superficie y la subsuperficie de Venus». O sea, que no se entiende sin vida venusiana.

¿Está diciendo aquí la profesora Jane Graves –primera autora del trabajo– que hay vida en Venus? No necesariamente. «Lo que nos dice es que otros procesos naturales, ajenos a la vida, sólo explicaría el 10% de lo encontrado», precisa desde el CAB-INTA el astrobiólogo Felipe Gómez, en conversación con Newtral.es.

La cantidad hallada combinando distintos instrumentos remotos (no tenemos róveres en Venus) «es elevada». Y eso es lo distintivo del descubrimiento. Al menos, respecto a lo que conocíamos en otros planetas, como Saturno o Júpiter, gigantes gaseosos.

Eso sí, «no estamos afirmando que hemos encontrado vida en Venus «, ha matizado con contundencia Sara Seager, del MIT, en la rueda de prensa celebrada esta tarde.

La vida irá a Venus en un barco

El 16 de septiembre de 1967, el astrónomo y divulgador Carl Sagan planteó lo que se consideró la primera especulación sobre la vida venusiana. Junto a Harold Morowitz, publico también en Nature la primera y bella hipótesis –sólo eso– de que la vida podría surcar Venus encapsulada en gotitas de aerosol finísimas que navegan por la atmósfera de Venus. O sea, en su mar de nubes.

Las astrónomas, ahora, han hecho los cálculos de lo que sería necesario para que fuera vida, y no otra cosa, lo que explicase que esas nubes tengan tanta fosfina. En la superficie es completamente imposible una forma de vida conocida. Tampoco es que el ácido sulfúrico del que están hechas sus nubes ayuden a la vida celular. Pero al menos hay alguna posibilidad en ellas.

«Aquí informamos sobre la aparente presencia de gas fosfina (PH3), donde el fósforo debería estar oxidado. Las detecciones (…) de los telescopios JCMT y ALMA no tienen otra identificación plausible», dicen en su artículo.

En la Tierra, por comparar, los microbios anaerobios los que producen este tipo de gas. Aunque hay procesos geológicos de los que también puede proceder. «Esto no quita para que sea un posible marcador, como hacemos con otros planeta –explica Gómez–, pero no se puede asegurar que haya presencia de vida».

En Marte, por ejemplo, el metano es el candidato a biomarcador con el que más claramente especulamos con la presencia de vida. Nadie ha podido probar que el metano marciano tenga origen biológico. Incluso hay quien cree que no lo hay. Pero no deja de ser uno de los grandes candidatos cercanos a tener algún tipo de vida. Aunque hay más posiblidades.

Podría no ser vida, sino algo desconocido y no menos interesante

«El PH3 podría originarse a partir de una fotoquímica o geoquímica desconocida o, por analogía con la producción biológica de PH3 en la Tierra, de la presencia de vida», añade Graves.

El origen puede estar en volcanes, meteoritos o relámpacos… O vida, sí. Incluso en procesos exóticos desconocidos.

William Bains, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) ha estudiado varias combinaciones de diferentes compuestos que esperamos ver en Venus. Ha examinado si los volcanes, los relámpagos e incluso los meteoritos podrían desempeñar un papel en la producción de fosfina.

«Los volcanes podrían producir partículas de fosfina en Venus. O podría ser un proceso exótico y desconocido. O podrían ser microorganismos. No lo sabemos». Todas las reacciones químicas que ha investigado Bains, dice, son 10.000 veces más débiles como para producir la cantidad de fosfina que se ha observado.

Puede que no sea vida, sino algo que ‘sólo’ ocurre allí. «Es posible que sepamos menos de Venus de lo que creemos», señala Gómez, con la prudencia de esperar confirmaciones futuras. Los errores en las mediciones siempre han estado ahí, en la historia de la astronomía.

Así que, si no es vida, la cosa sigue siendo interesante. «Y nos devolverá la mirada hacia Venus», quizá algo eclipsada por nuestro otro vecino, Marte. «Va a levantar interés, pero desde el punto de vista instrumental, diseñar nuevas misiones [a Venus] lleva hasta décadas. Lo que sí se hará es volcarse en la confirmación de este hallazgo mediante instrumentos».

Los equipos internacionales esperan poder saber algo más de estas observaciones mediante telescopios de infrarrojos para comienzos de 2021.

Sara Seager va más allá de la idea de los telescopios remotos: «Definitivamente podríamos hacer algunas mediciones in situ [con una sonda]. Podríamos concentrar las gotas y medir sus propiedades. Incluso podríamos llevar un microscopio y tratar de buscar la vida misma». Buscar vida en Venus en ‘un barco’.

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